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La vida en una pecera.

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Según Michael Hunter, profesor de la Universidad de Sheffield en Gran Bretaña, el tono de la voz femenina emite sonidos más complejos que la masculina, debido a diferencias en el tamaño y forma de sus cuerdas vocales y su laringe, por esta razón la voz femenina agota al cerebro masculino. Según Hunter “un esfuerzo en atender durante mucho tiempo la conversación femenina podría afectar la zona cerebral masculina”.Es decir que según esta información La vida en una pecera, la última película de Rubén Alonso, sólo sería apta para el público femenino, ya que la mayor parte de sus ochenta minutos de duración, comprenden un monologo de la actriz Betty Olivares con el espectador.

Pero dejando estudios británicos a parte, esta película es para todos los públicos, bueno para todos no, solo para que aquellos que busquen algo diferente en una película, un nuevo lenguaje, no tan solo una historia con principio, nudo y desenlace.

Nos gusta la forma en que está contada, con un personaje que nos introduce en su mundo particular del que somos testigos mudos, de sus amores y desamores, de sus problemas existenciales, y trascendentales, en definitiva de todo lo que acarrea la tan temida crisis de los veinticinco años.

Audacias fílmicas que estamos más acostumbrados a verlas en el mundo del cortometraje, pero que en un largo sorprenden mas, no son muy habituales en el cine patrio, no en vano Alonso, considera a su película en ciertos aspectos muy francesa no solo interpretativamente, sino estéticamente, con un cierto aire al cine de la Nouvelle Vague siempre en blanco y negro como su película, y con una banda sonora también francesa que se convierte en un personaje más de esta película, dando ritmo hasta el último minuto, merece la pena ver los títulos de crédito.

En definitiva, una apuesta arriesgada de Alonso, un director que intenta hacer de su cine una manera de expresarse, no solo de contar historias, experimentar con el cine, y además hacernos pasar un buen rato.

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1 Comment

  1. El Pateador
    25 diciembre, 2013 at 0:43

    Una manera como otra de decir que es una película infumable, que ha pasado por la taquilla de puntillas, y que sólo en la casa del director, aguantarían hasta el final.

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