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Luca, un canto a la amistad en la Riviera italiana.

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La factoría Pixar ha estrenado el pasado viernes su última creación Luca, directamente en la plataforma Disney + sin pasar por la gran pantalla, cosas a las que debido a la pandemia cada vez nos vamos acostumbrando más.

Pixar ha querido en esta ocasión dejarse de historias metafísicas y contarnos una historia mas terrenal o acuática según se mire.

El protagonista es Luca un joven monstruo marino de 13 años, que dedica el día a día a trabajar guiando a su rebaño de peces, pero que tiene curiosidad por como es el mundo de los humanos, el que se encuentra en la superficie del océano en el que vive.

Sus padres le tienen dicho que no salga al mundo humano, pues es muy peligroso, pero la curiosidad del joven le hace incumplir las normas paternales.

Todo ello con ayuda de su nuevo amigo Alberto, que le descubrirá todo un mundo nuevo.

Un mundo de color, vida, luz y vespas, que tanto a él como a su amigo le vuelven loco y no dudarán en apuntarse a un peculiar triatlón para conseguir dinero para comprar una, y cumplir sus sueños de recorrer mundo.

Todo en la película fluye con naturalidad, transportándonos a vivir la alegría de los veranos de la infancia y las primeras amistades.

La historia se sitúa en un pueblo imaginario italiano de nombre Portorroso en la década de los 50 del siglo pasado, inspirado en los bellos rincones de  Cinque Terre en la Riviera Italiana, allí descubrirá la amistad, el amor, y por supuesto los helados italianos.

Luca es un canto a la amistad, a la superación, a la lealtad, al intentar salir de nuestra zona de confort, aunque en un principio nos sintamos como pez fuera del agua nunca mejor dicho.

Una historia de iniciación a la edad adulta y de aceptación de lo diferente que magistralmente ha dirigido Enrico Casarosa quien ya fuera nominado a los Oscars por su cortometraje de animación Luna.

Con Luca nos transportamos a la Italia que conocimos en las películas como La Strada y Vacaciones en Roma cuyos posters aparecen en segundo plano en algunas escenas de la película.

Calles estrechas, ropa tendida en las ventanas, trattorias, el empedrado del suelo todo nos recuerda a una Italia soñada.

En las calles de este ficticio Portorroso no nos sorprendería ver pasar en una vespa a Audrey Hepburn y Gregory Peck.

Aunque los personajes que por estas calles transitan en ocasiones nos recuerdan más a los que deambulaban por las películas de El ladrón de bicicletas o El limpiabotas de Vittorio de Sica, personajes que luchan por sobrevivir.

Pero en esta ocasión con la alegría de vivir, que se ve remarcada gracias a una banda sonora en la que suenan títulos maravillosos como Il gatto e la volpe.

En definitiva, una bella fábula sobre la amistad, que vuelve a reconciliar a Pixar con todos los públicos alejándose de historias más conceptuales como Soul.

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